Puerto Príncipe, Haití.— La violencia ligada a las pandillas volvió a sacudir a Haití este fin de semana, luego de que dos hombres fueran ejecutados a sangre fría en un paraje desolado de la periferia de la capital. Según testigos, un individuo armado les disparó a quemarropa y los acribilló sin mediar palabra.

Las víctimas habrían sido identificadas como miembros de una pandilla rival, en un nuevo episodio del conflicto entre las numerosas facciones armadas que operan en el país. Estos grupos, surgidos en gran medida del narcotráfico y de la disputa por el control territorial, mantienen sumida a la nación en una espiral de violencia que parece no tener freno.
Las autoridades no han confirmado detenciones ni ofrecido detalles sobre el autor del ataque, mientras la población local denuncia la ausencia del Estado y el avance imparable de los grupos criminales. Organismos humanitarios advierten que la inseguridad generalizada agrava la ya crítica situación humanitaria y de derechos humanos, con miles de personas desplazadas, acceso limitado a alimentos y servicios básicos, y comunidades enteras atrapadas en el fuego cruzado.
Haití atraviesa una de las peores crisis de su historia reciente, marcada por el colapso institucional, la proliferación de armas y la falta de control efectivo del territorio. Para muchos ciudadanos, episodios como este se han convertido en una rutina trágica que refleja el caos y la desesperanza que domina la vida cotidiana.



